domingo 7 de febrero de 2010
Reforma
De aceituneros altivos a pordioseros, por la gracia de una inane sonrisa, va poco trecho. Eso, al menos, es lo que van comentando en alto dos aspirantes a ser miembros de un Think Tank en el autobús municipal. Sí, hombre, aclara una mosca cojonera al oído del viajero, los Think Tank son esos individuos a los que el poder paga una pasta por pensar en soluciones.
Pues a esos -responde éste yo les ponía a pan y agua. “Y ¿eso por qué?”, pregunta la mosca que esta mañana de domingo se levantó propia, o sea, cojonera. La respuesta no se hace esperar. “Con gazuza parirán antes una idea para dar de comer al hambriento”.
¡Ay! con la reforma. La bicha se muere de la risa en la tripa de los partidos. Puede ser la chupona que recoja votos, porque ofendidos y cabreados hay más de uno por cada casa.
Lo positivo hoy es que, poco a poco, se acerca la Primavera, con su estallido de verdes y los deshielos, haciendo música en los arroyos.
Pues a esos -responde éste yo les ponía a pan y agua. “Y ¿eso por qué?”, pregunta la mosca que esta mañana de domingo se levantó propia, o sea, cojonera. La respuesta no se hace esperar. “Con gazuza parirán antes una idea para dar de comer al hambriento”.
¡Ay! con la reforma. La bicha se muere de la risa en la tripa de los partidos. Puede ser la chupona que recoja votos, porque ofendidos y cabreados hay más de uno por cada casa.
Lo positivo hoy es que, poco a poco, se acerca la Primavera, con su estallido de verdes y los deshielos, haciendo música en los arroyos.
jueves 4 de febrero de 2010
No te enteras
-Tíaaaaaa, que no te enteras.
-No soy sorda. ¿De qué me tengo que enterar?
-De que me voy.
-¡Anda! chuchurrío, qué broma es esa.
La pareja parladora pone en la mañana radiante un escalofrío al sol. Eso piensa por lo bajo un viajero, y otro y otro, tras prestar oído a su conversación, sin disimulo alguno, en el autobús municipal. Y eso, casi seguro, que es así. Y, no tanto, por la forma despiadada con que se miran, ni por las palabras con las que indigestan a sus compañeros de viaje la mañana-que experiencia hasta el hartazgo tiene la humanidad en desamor-Lo que eriza los pelos es la incomunicación que se palpa entre ellos, al margen de violencias y otras gaitas.
-Tiaaaaaaaa, paso de ti. No me sigas.
-¿Por qué?. Acaso, porque te quiero.
-No. Estoy hasta los huevos. Muérete.
-No quiero morirme. Quiero vivir contigo.
-Eso ya no es posible. Me voyyyy...
-¿Hay otra?
-Hay miles. Pero no va por ahí la cosa.
-Entonces ¿por dónde va?
-Va porque no quiero vivir contigo ni quiero vivir aqui.
-Lo que me faltaba por oir.
-Pues no he empezado.
El hombre se apea rápido al llegar a la parada de la estación. Ella le sigue con la mirada. De nuevo arranca el autobús y en ese instante, la mujer grita: ¡Guarro, guarroooo!...un viejo se levanta de su asiento y le da palmaditas en el hombro para que se calme. "Ya verá como vuelve... ya verá", dicen entonces unas paisanas, expertas al parecer en desaires. A la solidaridad -que se propaga como una llama- la sofoca de inmediato la queja de otro adulto: "Acabo de escuchar en la radio algo sobre las pensiones, pero como esta señora gritaba, no he podido entender qué".
-No soy sorda. ¿De qué me tengo que enterar?
-De que me voy.
-¡Anda! chuchurrío, qué broma es esa.
La pareja parladora pone en la mañana radiante un escalofrío al sol. Eso piensa por lo bajo un viajero, y otro y otro, tras prestar oído a su conversación, sin disimulo alguno, en el autobús municipal. Y eso, casi seguro, que es así. Y, no tanto, por la forma despiadada con que se miran, ni por las palabras con las que indigestan a sus compañeros de viaje la mañana-que experiencia hasta el hartazgo tiene la humanidad en desamor-Lo que eriza los pelos es la incomunicación que se palpa entre ellos, al margen de violencias y otras gaitas.
-Tiaaaaaaaa, paso de ti. No me sigas.
-¿Por qué?. Acaso, porque te quiero.
-No. Estoy hasta los huevos. Muérete.
-No quiero morirme. Quiero vivir contigo.
-Eso ya no es posible. Me voyyyy...
-¿Hay otra?
-Hay miles. Pero no va por ahí la cosa.
-Entonces ¿por dónde va?
-Va porque no quiero vivir contigo ni quiero vivir aqui.
-Lo que me faltaba por oir.
-Pues no he empezado.
El hombre se apea rápido al llegar a la parada de la estación. Ella le sigue con la mirada. De nuevo arranca el autobús y en ese instante, la mujer grita: ¡Guarro, guarroooo!...un viejo se levanta de su asiento y le da palmaditas en el hombro para que se calme. "Ya verá como vuelve... ya verá", dicen entonces unas paisanas, expertas al parecer en desaires. A la solidaridad -que se propaga como una llama- la sofoca de inmediato la queja de otro adulto: "Acabo de escuchar en la radio algo sobre las pensiones, pero como esta señora gritaba, no he podido entender qué".
domingo 31 de enero de 2010
Sofá pa el difunto
En el autobús municipal se oyen a veces cosas que molan o dejan, cuanto menos, el ánimo de subidón. Ahorita -que diría zopilotes en México- les contaré de corrido la última conversación escuchada a dos cuates.
El viajero la pilló mientras su pensamiento se volvía mandil de camarero con pedidos de festivo: "Dos de rabas, una de pulpo y cuatro cañas"... una opción a la que las meninges se abrazaron para evitar urticarias de alipori climatológico. Y es que a éste sujeto lo de oír hablar del mal tiempo al resto de viajeros, cuando llueve y graniza, le hace salir chutado para la luna.
La historia de esos dos prójimos ahí les va... tal como la escuchó, así se transcribe.
-Sabes tú lo de mi tío.
-No. ¿Qué fue?
-Que se murió de repente.
-¡Ah! seguro que le dio un infarto.
-El hombre fue a casa a ver a mi padre que estaba un poco enfermo. Estaban conversando y de pronto, mi tío echó la cabeza para atrás en el sofá, metió un ruido raro y quedó frito como un pájaro
- ¡Jo! que guay.
- Lo guay fue que su mujer pidió a mi padre, unos meses después, que le regalara el sofá para poner en él una placa en memoria del difunto.
-¿Y qué hizo tu padre?.
-¡Que va hacer!... el sueco.
Y respuesta del aire: "Cachimba, tarimba, que cosa la chamba, la chamba del día, recoge tus cosas, llego la parada. Bájate, abre paraguas; no pidas nunca, nunca pidas nada".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)